De nuevo caigo en este juego, pero ahora viene de la mano de otra persona.
A él lo dejé atrás, ya no me importa, pero tenía que aparecer otro, claro; ahora que descubrí lo mal que te puede hacer engancharte, no voy a salir ilesa.
Ahora él no, pero otro sí.
Igual aprendí la lección, y no me encandilo tan fácilmente, pero éste la hace difícil. ¿Por qué? Porque me busca, porque me adula, porque parece quererme de verdad. Y la tarada cae, obvio; cae porque es lindo, porque se llevan bien y porque le dice que es única e inconfundible. Ah, y porque la reconoce caminando por la calle aunque esté arriba de un colectivo.
Y bueno, entonces otra vez en la misma, sólo que esta vez tengo más esperanzas todavía. Oh, oh.
Ojalá funcione, ojalá no sea igual que todo el esfuerzo sin sentido, que todo el dolor sin propósito que estuve viviendo previamente. Ojalá me quiera.
Y sí, ya me ilusioné. ¡Qué inútil!
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