26 de junio de 2010

amores imposibles, manifestaciones de amor y romanticismo... en fin, amor en estado puro

Amores imposibles.
No me gustan. Para nada.
No quiero que sea así, no quiero, no quiero, me niego. ¿Me puedo negar?
"-Me emparejaron con Damen Dylan, el chico más encantador de la escuela, para las prácticas de laboratorio. Estaba convencida de que... si llegaba a conocerme de verdad, pues, bueno, que tal vez él [...] me pediría a mí que lo acompañara al baile de otoño en vez de a su novia."
Me siento algo identificada y, a la vez, siento que es una esperanza que, de tan improbable que es, seguro la va a hacer sufrir.
Al menos lo puede ver todos los días; le sugeriría que se conforme con eso.
Yo, por mi parte, me niego a aceptar la realidad. Veo amores que parecen imposibles pero al final no lo son en todas las novelas que leo. Veo romanticismo por todas partes, por todos lados.
¿Cómo se enfrenta uno a la verdad? ¿Cómo hace para que las cosas funcionen?
¿Me irá mejor? ¿Se aclarará todo? ¿Tendré una oportunidad? ¿Habrá algún milagro por el cual pueda estar con la persona que quiero? ¿Voy a tener que esperar mucho? ¿Van a salir bien las cosas?
Muchas preguntas, ninguna respuesta. Esto definitivamente no va bien.
En las novelas, las cosas suelen terminan bien; los personajes, en general, terminan felices -los que se lo merecen, por supuesto- y las cosas salen mejor de lo esperado; a lo mejor es tanta la grandeza de ese final feliz que resulta algo surrealista. ¿Será igual en la realidad?
Creo que no. Los libros son los deseos del autor plasmados en papeles, su imaginación, sus sentimientos; lo que se vive allí es el amor planteado desde su perspectiva: el amor profundo que quisieran vivir siendo correspondidos, el amor sincero y puro que todos desean sentir y sin el cual muchos odiarían morir. No existe algo así, ¿o sí?
Ojalá esté equivocada, porque siempre lo quise. Quizás leer tanto no es bueno después de todo... me hice demasiadas ilusiones, y ahora espero la caída a esa realidad que no quiero conocer. Si pudiera, me metería en algún libro y viviría la vida de un protagonista, pero es imposible.
Ahí está: en la oración anterior vemos el problema al que estoy haciendo frente. Me acostumbré demasiado a las historias de amor novelescas, a los amores repentinos, a la profundidad y complejidad de los sentimientos, a ver siempre cómo el amor es correspondido, a disfrutar los finales felices... tanto que ahora preferiría vivir en un libro a vivir en la realidad.
He aquí presente el gran problema de la lectura.
Así que, como dice Paramore:
"Keep your feet on the ground
When your head's in the clouds"
Ya me siento mejor. Siempre tuve presente que los libros eran sólo libros y nada más.
Es sólo que, a veces, me da bronca el contraste entre la belleza de un mundo de novela romántica y la realidad.
"La vida es aquello que te pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes", dijo John Lennon.
Aplicada a esto: "La vida es aquello que te pasa mientras sueñas con una mejor".
Pero no voy a dejar que sea así. No me voy a quedar sentada deseando ser Bella, Katniss, Rose, Elena o Carlene.
Y, si en algún momento me pasa lo que me pasó recién, voy a recordar el final de la trilogía de Philip Pullman y, si no me alcanza con eso -cosa casi imposible-, el de "Remember me".
Sí, ahora me siento mucho mejor.

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