Había una vez un hermoso vestido en la vidriera de un negocio. Como el hombre de la canción de Serrat, me enamoré de él y lo quise. Entré al local como una tromba, tomé el hermoso diseño y miré el precio; fue entonces cuando mi ilusión se hizo añicos. No podía costear algo tan caro. Decepcionada, salí del lugar y me encaminé hacia mi hogar arrebujada en el abrigo.
A la semana, volví a pasar por delante de esa vidriera. Él seguía allí; me llamaba, me invitaba a comprarlo. Fue entonces cuando me di cuenta de que la ropa tiene tanto de falso como los hombres; tal vez se debe a que es creada por la raza humana, ya de por sí deficiente. Como sea, caí en la trampa y me deleité mirándolo.
No pude resistir la tentación; prometiéndome una y otra vez que después de comprar al amor de mi vida no gastaría un centavo más en moda, entré decidida al local.
Me lo probé en dos colores distintos, pero no podía decidirme. Me vi en la encrucijada de dejar uno y arrepentirme, o marcharme y volver al día siguiente con una amiga capaz de ayudarme en la dificultosa elección (no confiaba en la empleada; parecía desear los vestidos y de seguro no aportaría ningún comentario favorable).
Luego de pensarlo durante una eternidad (algo así como medio minuto) decidí llevarme ambos. Los pagué con tarjeta de credito en doce cuotas, para recordar cada mes que tenía demasiados gastos y no podría comprar nada más hasta nuevo aviso.
Salí feliz del negocio, llevando lo que había deseado durante la última semana en una bolsa con un diseño espectacular digno de su marca. Al llegar a casa, la dejé encima de la cama y me dirigí a la cocina. Fue entonces cuando ví que habían pasado el correo por debajo de la puerta.
Eran facturas. Una del gas, y otra de la tarjeta. Saqué el papel, temiendo lo que dijera; cumpliendo mis peores pesadillas, una lista interminable de negocios apareció ante mis ojos.
Lo había vuelto a hacer. Había vuelto a dejar de lado los números, por más que me hubiera replanteado miles de veces la necesidad de no comprar de más.
¿Qué haría ahora?
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