Me terminé dando cuenta de que esto se convirtió en algo parecido a un diario íntimo cifrado, donde cuento cada cosa que me pasa con palabras en clave que nadie entiende y demuestro mis sentimientos. Me hace bien escribir todo esto, gastarme haciendo una producción con lo que me pasó, pero ¿le gusta al resto?
No me había preocupado de eso hasta ahora.
Y después razoné, y llegué a la conclusión de que no tiene por qué gustarle al resto. Que es exactamente lo mismo que pasa con la personalidad de uno: si uno se siente bien con ella, al resto le gusta. Quizás alguien la deteste, pero siempre va a haber gente a la que le interese conocerla. Así que, como veo que me hace bien y que en verdad hay gente a la que le gusta leer esta especie de desahogo público, decidí seguir escribiendo -sí, me lo pregunté y decidí no publicar nada hasta encontrarle un sentido a todo esto-.
Y sí, finalmente le encontré el sentido. No es porque haya gente que lo lea, porque haya personas que me feliciten por su contenido, porque espero conocer gente por este medio, porque tengo el necio deseo de que llegue a ser famoso; lo hago porque me hace bien a mí, porque me ayuda a dejar fluir mi creatividad, y a veces eso me sirve muchísimo. Porque confío en que a alguien le puede estar pasando lo mismo, y lo que lee puede llegar a ser útil para sobreponerse a la situación que está pasando. Probablemente a alguna otra persona le sirva para sentir que su vida no es tan complicada después de todo; quién sabe.
Lo único que sé con seguridad es que infinidad de veces necesité descargarme, y automáticamente me puse a escribir una nueva entrada de este blog; y eso va a seguir sucediendo hasta que deje de servirme.
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