23 de octubre de 2010

Ahora que sí estoy haciendo lo que decían que hacía, no les gusta nada. Y si volviera a ser como antes, tampoco lo reconocerían, así que ¿para qué? Se los niego, pero tienen razón: ahora no hago nada. Y ellos se quejan igual que antes, cuando sí hacía cosas, lo cual no tiene lógica y me insta a seguir así, total la devolución es la misma.
Y si me quieren sacar cosas, ¿qué? ¿Acaso importa? A mí no me interesa lo más mínimo. Y si quieren seguir quejándose, que sigan; si hace quince años que busco la forma de contentarlos y no la encuentro, no la voy a encontrar ahora. Sí, me cansé, ¿no tengo derecho?
Y molestan y dicen que uno lo único que hace es dormir y quejarse cada vez que tiene que hacer algo, y de paso gastar plata y salir. Claro, no cuentan el colegio ni los variados favores que uno hace por ellos, aunque ahora no sean tan frecuentes como antes. Pero obviamente, uno para ellos no hace nada nunca. No, uno es una máquina de gastar plata y quejarse, porque total no tiene nada más interesante en la vida que hacer que ellos se pongan de malas. Obviamente.
Bueno, ¿saben qué? Piensen lo que quieran, digan lo que quieran... me da igual. Porque, francamente, no tiene ningún sentido intentar contentar a personas así.
Lo peor de todo esto es que se perfectamente que me voy a seguir sintiendo culpable aunque no quiera.

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