Hoy llueve mucho, muchísimo. Después sale el sol de entre las nubes y el día se vuelve brillante; más tarde, vuelve a encapotarse el cielo y una fina llovizna comienza a mojar todo a su paso, hasta convertirse nuevamente en una tormenta.
Mientras el clima demuestra sin pudor que está completamente loco, yo estoy cumpliendo quince años.
El día comenzó con una calurosa bienvenida de mis amigas seguida de algunas cartas escritas y de un par de fotos sacadas por la ocasión. Repartir invitaciones para el sábado fue lo mejor; dentro había poemas escritos de mi puño y letra, y eso pareció gustar.
Una amiga que había faltado vino después a casa; fue allí cuando recibí mi primer regalo del día: un chocolate enorme. Hablamos un rato y después tuvo que irse, pues ni la ocasión ni el clima iban a parar a mi profesora particular, que venía a llenar mi tarde de inglés vestida como Mary Poppins.
Luego de estas amenas clases particulares, me dediqué a hacer cualquier cosa menos a estudiar para la prueba del día siguiente. Ya no me importaba el resultado.
En la hora de la merienda me dieron mi regalo: una netbook blanca, hermosísima. Empecé a usarla en ese mismo momento; fue el mejor regalo que me dieron hasta ahora, y estoy muy contenta de tenerla. Más tarde fuimos a cenar; esto fue lo más cerca que estuve de decidir algo frente a mis padres en mi vida. Y fue divertido.
A la vuelta hubo torta de chocolate; hacía tanto que no comía... fue riquísimo.
Y eso fue todo. Parece un día muy simple, pero a mí me encantó. Ahora, a esperar al nueve para disfrutar de mi mini-fiesta con mis amigas más cercanas, las que hicieron de este día un día maravilloso.
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