Pruebas, dos pruebas, mucha dificultad para mi cerebro inferior; pero no me importaban. Terminó el día y salí disparada como una bala hacia la puerta de entrada, esperando encontrarme con las chicas. Una dice que no puede ir, una gran amiga, lo que me causó una gran desilución; de todas formas, los hechos hicieron que olvidara casi todo, aunque las ausencias se notaron.
Nos subimos al auto, ya estamos en camino. Vemos pasar casas, edificios y locales, todas con una esperanza en común: ver lo que tanto tiempo estuvimos esperando. Parece exagerado, ¿no? Te equivocás, te lo aseguro.
Bajamos del auto; el "chofer" sigue su camino, nosotras fuimos a comprar las entradas y a almorzar. Una hamburguesa con queso doble, un vaso de Pepsi y un sundae de chocolate se instalaron en mi estómago para pasar la tarde.
Al terminar, fuimos directo al cine. Compramos pochoclos y gaseosa -quienes acompañaron gustosos al almuerzo en sus butacas de primera fila en mi estómago-; cuando le dimos las entradas a la de seguridad, nos ordenó que guardáramos silencio -como si hubiera posibilidades- durante el rodaje; yo le contesté -muy amablemente- "¿sabes dónde te podés meter el silencio?". Es simple, es claro.
Entramos en la sala. Buscamos lugar, nos sentamos y nadie nos pudo levantar hasta que terminó la película.
Empezó, pasó y terminó...
No quería que termine, pasó muy rápido; demasiado rápido :(
Y lloré en una parte :/
Pero al menos no hubo un final traumático y no me agarró angustia oral :)
Así que ahora, después de haber paseado por todo el shopping y haber bajado el batallón de comida que ingerí, puedo decir: qué día feliz.
Ahora hay que sufrir por Amanecer... ¡acá te espero, 18 de noviembre del 2011!
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