17 de mayo de 2010

Me siento como en una novela.
Las cosas pasan sin que yo me de cuenta, y cuando me doy cuenta ya pasaron. Las cosas pasan a mis espaldas, lejos de mí, y me entero cuando ya no queda absolutamente nada por hacer.
Las cosas pasan, malas, dañinas, injustas, pero pasan, y llevan a situaciones horribles y desesperantes.
Las circunstancias de esta desesperación son muchas. Incapacidad de concentrarse, por ejemplo. Mañana voy a tener un lindo uno en Informática, pero ¿a quién le importa? A mí, no.
Las cosas pasan por alguna razón, pero nunca se sabe si es buena o mala. Las personas cercanas a veces son las que nos traicionan, y se vuelven en nuestra contra arruinándonos la existencia.
Podré proyectar a futuro una pelea con él, podré idear descargar mi frustración... pero ahora no. Verme incapaz de hacer nada, eso es desesperante. La imposibilidad de dar una mano en el momento más difícil, sabiendo que una persona le falló como ninguna y les está a punto de costar la vida a personas muy importantes tanto para ella como para mí, eso es verdaderamente frustrante. Pero ¿qué puedo hacer yo, más que sentarme en el sillón a llorar mis penas fuera del alcance de la vista de ella y poner excusas tontas cuando me preguntan el por qué?
Estoy abierta a sugerencias, porque me siento una inútil.
Lo único que necesito es ser capaz de dar una mano satisfactoriamente. No puede ser que nunca pueda ayudar en nada.
Es lo peor que puede pasar en una situación así.

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