28 de octubre de 2009

Si alguien me hubiera dicho hace un mes o, quizá, hace quince días, que te iba a odiar tanto como te odio, no le hubiera creído ni una palabra; es más: hubiera dado por loca a esa persona, y hubiera argumentado a mi favor todo mi amor hacia vos y hacia lo que eras.
Te presentabas como el ideal: cada vez que te veía me daba cuenta de que eras más perfecto de lo que recordaba; cada vez que veía tu sonrisa me deslumbrabas; cada vez que te veía reír sentía que eras el único...
Pero por fin te conocí mejor, y me decepcioné de lo que descubrí.
Y encima cada vez sos culpable de más cosas propias de una persona odiosa.
No puede ser que seas la peor basura en este planeta, pero eso es lo que estás demostrando ser y, a estas alturas, estoy muy cerca de creer que sí lo sos.
No puede ser que sólo pienses en vos mismo y en nadie más que en vos...
No puede ser que uses al resto como se te canta...
No puede ser que, según vos, la culpa nunca sea tuya...
No puede ser que, encima, hagas sentir mal al resto...
No puede ser que no te importe nada con tal de estar bien vos...
No puede ser que sacrifiques cosas tan importantes por idioteces...
¡No puede ser que no te importe lo que debería ser, justamente, lo más importante!
¡No podés ser así!
Madurá de una vez, date cuenta de lo que estás a punto de lograr, si no es que lo lograste ya... date cuenta de que te estás arruinando la vida vos solo...
¡No podes ser tan mala persona! ¡Algo de bueno tenés que tener! ¡Date cuenta antes de que sea demasiado tarde!
Por favor...

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