9 de octubre de 2009

Hoy te vi; no te diste cuenta de que te miraba. O tal vez sí, y esa sólo fue mi impresión.
Da igual.
Hoy intenté convencerme de que no eras tan valioso como yo creía, de que tenía una venda sobre los ojos y debía sacármela y ver la realidad. Es por eso por lo que te busqué hasta encontrarte, aunque la búsqueda no duró demasiado, pues estabas en una dirección en la que mi mirada te encontró rápidamente.
O tal vez sean mis ojos, que te encuentran rápidamente por estar habituados a buscarte.
Da igual.
Durante ese tiempo que se me concedió te miré cuanto pude, intentando buscarte defectos. Esa cara ideal, esos rasgos perfectos, esa mirada penetrante... Intenté verlos de otra manera, intenté verte como si fueras una persona más de la multitud, buscando algún defecto al que aferrarme...
Te reías mucho, y charlabas con tus compañeros, pero tu voz no sobrepasaba al bullicio general, por lo que no podía escucharla.
Esa hermosa sinfonía... Intenté buscarle algún defecto entre mis recuerdos...
En un momento, nuestras miradas se cruzaron. Tus ojos se enredaron en los míos como por casualidad. Bajé la mirada, completamente sonrojada, pero también completamente segura.
Segura de que no había ninguna venda en mis ojos, y de que en realidad eras así, tan bueno como te imaginaba, tan ideal, tan perfecto.
Te fuiste sin prestarme atención, como es lógico, pero no me importó. O tal vez sí te fijaste en mí, y no me di cuenta.
Nada es imposible.

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